Después de unos cuantos meses sin dar señales de vida y muy a vuestro pesar, aquí sigo, deseoso de teclear alguna que otra palabra inconexa.
Retomemos mi historia donde la dejamos en el anterior post. Por fín había sido aceptado en LTU y parecía que ya sólo quedaba montar en el avión y empezar a inyectarme etanol en sangre. Nada más lejos de la realidad mi querido lector. La ilusión por el añito que me esperaba era proporcional a mis ganas de no-estudiar. Un par de examenes, un par de revisiones, y unas cuantas para la saca: lo de siempre.
Se acabó por fín el cuatrimestre, y se presentaba un verano prometedor. Desde la histórica Eurocopa que nos hicieron vivir los “héroes” de Viena (¡Raúl selección!) hasta la semana que creo que pasamos en Ibiza por segundo año consecutivo (¡¡¡¡Swedish House Mafia!!!!) han hecho de este verano el mejor de mi vida. Fiesta aquí, fiesta allá y nos plantamos en Agosto.
Además de ser un mes abrasador en la capital, este mes de Agosto iba a ser especial. Tocaba preparar hasta el más mínimo detalle mi partida hacia tierras escandinavas. Realmente han sido diez días agotadores, entre papeleos, compras de última hora, despedidas,…
No sé muy bien como se lo tomará el resto de gente un viaje así, seguramente con mucha más previsión que yo, pero es increible la cantidad de paseos que entre la UPM, la ETSIT y los suecos de LTU te hacen darte.
Mañana a las 10:30 sale nuestro vuelo hacia Estocolmo, y la verdad es que tengo un torrente de sentimientos opuestos. Por una parte estoy deseando llegar a Luleå, ver como será mi nuevo hogar, la gente con la que voy a compartir un año de mi vida, probar los -30ºC… Pero por otro lado, tengo una sensación de melancolía que pensé que no llegaría a tener. Entre el sábado y ayer me he ido despidiendo de toda la gente que ha estado siempre conmigo: amigos y familia. Resulta duro pensar que no vas a poder bajar a tomar unas birras cuando te apetezca al bar de siempre, o que no vas a poder poner unos discos en el antro más cutre de Madrid rodeado de amigos.
Pero bueno, es el camino que yo elegí hace tantos meses, y no me arrepiento en absoluto de haberlo tomado. Además, no me voy solo, somos unos cuantos los “telekitos” que salimos mañana hacia el Polo Norte, y estoy convencido de que vamos a pasar el mejor año de nuestras vidas.
En menos de 24 horas estaré tomándome la primera copa en Estocolmo, y en dos días estaré ya en mi nueva casa luleana (tomándome la enésima). Así que cuando consiga que me enchufen a la red (voy a tener muuuuucho mono de Internet los días que no pueda conectarme) os contaré como ha ido el viaje, y como es todo aquello.
Voy a ver si consigo dormir algo, aunque lo dudo, estoy bastante nervioso
¡¡Saludetes!!